Esta hermosa bahía protegida por pequeños volcanes extintos ofrece una pesca variada y abundante, además durante el otoño, las aves que emigran hacia el Sur hacen una "escala", resultando esto de gran atractivo para los cazadores deportivos y los observadores de aves.

Las frías aguas que lo rodean son el hábitat de langostinos, almejas y un sin número de pescados que hacen que la gastronomías de San Quintín goce de una merecida fama, tanto por su frescura como por sus originales recetas.

Se pueden explorar sus playas Pabellón y Socorro, así como la Isla San Martín, que es resultado de un volcán extinto, en donde viven focas y leones marinos, además de variadas especies de aves. La Playa de Oro, se distingue por ser una larguísima banda de arena que da a mar abierto en donde se puede practicar el surf.

Otros sitios de interés incluyen el Molino Viejo, El Muelle viejo y el Viejo Cementerio Inglés. El Estero de San Quintín es una de las cuatro lagunas costeras más importantes de la península.



Hay varias opciones de hospedaje para todos los presupuestos, así como restaurantes, campos para casas rodantes, facilidades para acampar y una pequeña aeropista.

Bahía San Quintín es un rincón apreciado tanto por fotógrafos como por geólogos y otros estudiosos debido a las formaciones rocosas donde afloran capas de diversas épocas y por su cadena de volcanes.

Es también zona de gran actividad turística con playas como Pabellón y Socorro. Una de sus islas cercanas, de San Martín, se encuentra a 48 km. al sur de Cabo Colonet. Es lo que quedó de un volcán extinto y se distingue por su forma circular.

En la isla hay una caleta donde se encuentran los langosteros, además de una pequeña laguna en la que habitan focas y leones marinos. San Martín, está cubierta de roca volcánica, cactus y matorrales. Varias especies de aves marinas anidan en la isla. Nuestra siguiente parada es Venustiano Carranza y Bahía Santa María, en donde encontramos la preciosa Playa de Oro. Adelante, en mar abierto, se extiende una playa larguísima.



La carretera transcurre junto a la costa, por lo cual podemos escoger el lugar que mejor nos parezca para detenernos a tomar un chapuzón en la ribera. A partir del Rosario, la carretera número 1 se interna en la península y no toca la costa occidental sino 300 km. adelante. Aunque deshabitado a tal grado que es más fácil encontrar ballenas grises que seres humanos, toda esta zona costera puede ser cubierta por jeep o vehículos similares de doble tracción. Puntas Baja, San Antonio, San Fernando, Juan Carlos, Canoas y Punta Blanca son poco visitadas porque su acceso es toda una aventura.

Punta Baja se encuentra aproximadamente a 42 km. de la isla San Martín del otro lado de Bahía Santa María. Hay playas y acantilados y abunda el alga marina. El oleaje es fuerte, por lo que es un lugar preferido por surfeadores. Hay un pequeño pueblo donde se encuentran provisiones. Después de El Rosario la brecha nos conduce hacia el cañón San Vicente y nos lleva adelante a unas cuevas con pinturas rupestres. Por la misma llegamos después a Punta San Carlos, lugar ideal para que atraquen los yates. Si va a adentrarse por estas veredas, le recomendamos llevar un buen equipo de exploración con todos los abastecimientos necesarios, herramienta para autos, agua suficiente y botiquín para primeros auxilios, incluyendo suero anticrotálico y antialacrán así como una muy buena brújula, ya que son zonas deshabitadas.



A partir de aquí el clima se torna más extremoso, el calor es más fuerte de día y las noches bastante frías. Para llegar a ciertos lugares es necesario dejar el auto para seguir a pie. Entre Punta San Carlos y Punta Canoa está Santa Catarina, puerto en el que en un tiempo existió un malecón en donde embarcaban el cobre y el ónix de la mina: El Mármol.

Todavía se pueden ver bloques de ónix negro en las playas. No hay brecha ni vereda por lo que se requiere retornar a la carretera en dirección a Rosario y continuar hacia Cataviña, lugares donde se puede cargar gasolina. Algunos kilómetros antes hay un crucero que nos lleva a La Bocana, pueblito junto al cual hay una zona arqueológica y donde sale una brecha que lleva al mar. El paisaje es el de una de las regiones más desoladas del mundo.

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